El que se inicia en la búsqueda de Dios sufre un proceso similar al que vive una mujer embarazada. Al principio nada siente, nada detecta. Solo algunos síntomas comunes a otras emociones del alma y cuya causa, Dios o sí mismo, le será difícil discernir. Sostenido por la fe y la esperanza de que en algún momento de su vida Dios le mostrará su rostro, continuará en el empeño. Hasta que un día, el menos pensado, sentirá el primer movimiento divino y, a pesar de que en el fondo lo esperaba, se sorprenderá. Se llenará de gozo, y todo será pasmo y agradecimiento a Dios, que compensó con creces su larga espera. Ese leve movimiento puede ser la emoción de un segundo, un pensamiento que pasa volando, una idea fugaz… Un toque suave, pero que en su momento dará su fruto. Porque la acción del Espíritu siempre es fértil y siempre deja en nuestro interior un poso de nostalgia. Un poso de nostalgia y la certeza de que el milagro de la oración, como el milagro de la vida, es real. Real. Como lo es ese rostro divino que buscamos con tanto anhelo.

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BUSCO TU ROSTRO. RECURSOS ESPIRITUALES PARA ORAR
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BUSCO TU ROSTRO. RECURSOS ESPIRITUALES PARA ORAR

GONZALEZ ALBA, CRISTINA

Editorial: DESCLEE DE BROUWER
EAN: 9788433030887

Peso en gramos: 1

Categorías:

10,00€

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Descripción

El que se inicia en la búsqueda de Dios sufre un proceso similar al que vive una mujer embarazada. Al principio nada siente, nada detecta. Solo algunos síntomas comunes a otras emociones del alma y cuya causa, Dios o sí mismo, le será difícil discernir. Sostenido por la fe y la esperanza de que en algún momento de su vida Dios le mostrará su rostro, continuará en el empeño. Hasta que un día, el menos pensado, sentirá el primer movimiento divino y, a pesar de que en el fondo lo esperaba, se sorprenderá. Se llenará de gozo, y todo será pasmo y agradecimiento a Dios, que compensó con creces su larga espera. Ese leve movimiento puede ser la emoción de un segundo, un pensamiento que pasa volando, una idea fugaz… Un toque suave, pero que en su momento dará su fruto. Porque la acción del Espíritu siempre es fértil y siempre deja en nuestro interior un poso de nostalgia. Un poso de nostalgia y la certeza de que el milagro de la oración, como el milagro de la vida, es real. Real. Como lo es ese rostro divino que buscamos con tanto anhelo.